Los beneficios de comer pan

Si me desterraran ahora mismo a una isla desierta y me dijeran, que solo puedo optar a un alimento diario. Sin duda, elegiría el pan. ¡Me apasiona! ¡Me alucina! ¡Me encanta! ¡Me vuelve loca! Y estaréis pensando, ¡y a mi, claro! Pero ¿a que también os han surgido las dudas más comunes que giran en torno a este maravilloso mundo? Que si el pan engorda, que si no hay que comerlo todos los días, que mejor el integral… La verdad es que al final la alimentación es como todo. Los excesos no son buenos. E hincharte a comer pan por la noche no es muy recomendable, como tampoco lo es pensar constantemente cuanta cantidad de pan podemos comer al día. Yo creo que con unas simples pautas y un poco de cultura general, podemos mantener un buen equilibrio y llevarnos bien con este delicioso manjar. Además, siempre están las alternativas, si nos ponemos exquisitos. Podemos elaborar nuestras propia masa con harina de almendra o el famoso pan nube que solo lleva huevos, queso crema y levadura química. Pero sobre las alternativas hablaremos más adelante, ahora vayamos a por lo que nos interesa: los beneficios de comer pan.

Se dice que tratar el tema desde un punto de vista más ofensivo, suele ser más efectivo: qué le pasa a tu organismo si dejas de comer pan o por qué no deberías dejar de comer pan… pero no es la perspectiva que me gustaría darle a este post. Quiero que cuando te estés llevando ese pedacito de cielo a la boca con su crujiente corteza y su mullidita miga pienses, ¡es un alimento indispensable en mi dieta!

UN POCO DE HISTORIA

Remontémonos a los orígenes. Tenemos constancia de que ya en la prehistoria elaboraban su propia masa. Como es lógico, no se parecía en nada a lo que actualmente consumimos. Aunque lo elaboraban con trigo y agua, el concepto de la harina y la fermentación aun no lo tenían muy desarrollado. En el antiguo Egipto se reconocían hasta quince palabras para denominar las distintas variedades que elaboraban según el grado de cocción o los productos que añadían como huevos, lecha o fruta. Y puede que fuera por error o porque se quedara olvidado en una estantería, pero descubrieron que dejando la masa reposar hasta el día siguiente el sabor y la textura eran infinitamente mejor. Así, se convirtió en un manjar de las casas más adineradas. Y según algunos historiadores de aquí viene la tradición de colocar un pedacito de pan al lado de cada plato de los comensales.

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Los griegos fueron esmerados panaderos. Y en la época clásica se reconocieron hasta setenta formas diferentes de elaborar pan. En el mercado se podía llegar a encontrar desde pan de centeno o de salvado egipcio hasta de avena. Durante la Edad Media la gastronomía sufrió un gran varapalo, como en la mayoría de ámbitos de esta época. Las sequías, el gorgojo, las cosechas de cereal redujeron muchísimo la elaboración de este suculento manjar y quedó relegado a las clases pudientes y a los monasterios. Finalmente, con la llegada de la Revolución Industrial los molinos se mejoran, llega el vapor, y se crean harinas más finas y elaboradas. Ya podemos empezar a hablar de los “profesionales del pan” y su elaboración es regulada por el gobierno. Su textura mejora, su sabor se intensifica y se vuelve accesible para todo el mundo. ¡Bienvenido a nuestras vidas pan!

BENEFICIOS DEL PAN

bread comer pan

Los carbohidratos son necesarios en una dieta equilibrada. Son nuestro combustible diario. Aportan energía a nuestro organismo. Especialmente al cerebro y a nuestro sistema nervioso.  Nos ayudan en el mantenimiento de la actividad muscular e influyen en nuestra temperatura corporal. Los expertos recomiendan consumir preferentemente pan integral, ya que es más rico en fibra, ayuda a la prevención de la diabetes y tiene la capacidad de reducir los niveles de colesterol malo, entre muchas otras cosas. La harina de trigo apenas contiene grasa (un gramo de grasa por cada cien gramos de pan), por lo que su consumo diario se vuelve más que recomendable. Es más, la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria recomienda expresamente consumir cereales durante las principales comidas del día. Esto se traduce en que podríamos consumir un total de 250 gramos del pan al día. Unos 100 gramos más que el consumo medio español, según la Organización Mundial de la Salud. En definitiva, estudios recientes entre la población española muestran que consumir 100 gramos diarios de pan nos permiten mantener o incluso reducir nuestro peso. ¿Qué más se puede pedir?

LA MEJOR HORA

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Pero… ¿cuándo es el momento perfecto para tomar carbohidratos? Los expertos coinciden y es que no todos tenemos que eliminar de nuestra cena los carbos (guiño especial para nuestro colaborador…), porque no los procesamos de la misma forma. A ver, en general lo mejor es consumir la energía que vayamos a quemar y por lógica, cuando nos sentamos a cenar, lo próximo que haremos, como mucho, es levantarnos a fregar los platos. Por lo que lo mejor es dar mayor peso de carbos a los momentos del día donde nuestra actividad sea más elevada. Entonces, ¿está bien cenar con pan? La respuesta, sorprendentemente incluso para mí, es sí. Yo estaba obsesionada con la idea de evitar comer carbohidratos a partir de la 18h. Esa es la hora en la que normalmente voy al gimnasio, y después ya no hago nada más. Ducha, cena y al sofá. Por lo que al dejar de moverme, pensaba que ya no debería de comer ese alimento (de ahí también la idea de escribir este artículo. Quería investigar bien el poder de los carbohidratos y utilizarlos a mi favor). Pero según un estudio publicado en la revista Nutrition, Metabolism & Cardiovascular Diseases en 2012, tomar carbos por la noche puede ayudarnos a mantenernos en forma e incluso a adelgazar. Eso sí, siempre que escojamos la versión integral y en la cantidad que nos corresponde. Además acompañarlo de  una buena guarnición de verduras, frutas o yogur, ayuda a mantener más estables los niveles de azúcares en sangre. Es mejor evitar justo antes de irnos a dormir grandes raciones de carbos refinados, pero eso entra en la lógica de cualquiera. ¿Quién no ha notado esa sensación de hinchazón cuando se te va de las manos? Esto ocurre cuando los hidratos no se descomponen fácilmente en el estómago y se genera una gran cantidad de aire que queda atrapado en el tubo digestivo.

¿Conclusión? ¡A comer pan se ha dicho!  No tengo más que añadir, bueno sí, ¡qué rico y calentito está mi bocadillito de pan de centeno con lomo y pimientos!

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