Descubriendo La Rollerie en la calle Guzmán el Bueno, 105

¡Bienvenidos a La Rollerie! Un espacio agradable y sencillo. Para aquellos que no lo conozcan os lo introduzco: lectores, La Rollerie; La Rollerie, lectores… Se trata de un restaurante del barrio de Chamberí, como bien indica el título del post, en la calle Guzmán el Bueno, 105 en Madrid. Decidimos cenar aquí, porque mi amiga Lorena se ha cambiado de trabajo y su ubicación nos pillaba bien, más o menos, a todas. La carta no estaba mal y las imágenes de su web y redes sociales, fueron el último reclamo que necesitábamos para que fuese el elegido. Además, añado, que a mi me pareció que tenía un estilo muy “toscano” y eso me gustó mucho (adoro la cocina italiana).

Mientras esperábamos un camarero, bastante atento (que vio que estábamos grabando y haciendo fotos), nos invitó a que fuéramos a la parte de abajo del restaurante. Hacía poquito que lo habían reformado, así que por eso estoy tan sola en las fotos. No es que nos hubieran reservado esa zona para nosotras, que hubiera sido todo un detalle, por cierto 😜. Y efectivamente, merecía la pena. Como he dicho antes, me recordó a un jardín de una casita en la Toscana. Yo no he estado, por ahora, en la bellísima región italiana, pero ¿quién no ha visto La Vida es Bella o Cartas a Julieta? Vale y, para los chicos, ¿Gladiator? Después de la sesión de fotos pertinente y con el lujo de no tener ojos atentos ante cualquier pose “para nada” forzada, subimos a cenar.

Fueron bastante rápidos en tomarnos nota y servirnos. Por cierto, la parte de arriba, también tiene su mención especial. El árbol de estilo otoñal junto a la ventana, es muy vistoso y las enredaderas llenas de flores, que coronan las escaleras que bajan a la planta inferior, una monada.

El árbol de estilo otoñal junto a la ventana, es muy vistoso y las enredaderas llenas de flores, que coronan las escaleras que bajan a la planta inferior, una monada.

En cuanto a la cena yo pedí tartar de atún fresco, Ana, lomo de merluza con salsa holandesa, espárragos y pimiento y Lorena el sándwich Club House. Por mi parte cumplió las expectativas al cien por cien, aunque llevaba sésamo tostado de wasabi, no picaba nada. No me gusta que pique la comida. Sin embargo, el plato de Ana se reinventó. El pimiento que debía acompañar a su merluza se puso tímido. Pero fue sustituido heroicamente por una patata cocida… Y, para el gusto de Lorena, al sándwich le faltaba salsa rosa. La cena la coronamos con un “trocito” de tarta Oreo. Es una porción bastante contundente para uno, pero para dos está bien. Para tres se queda un poco escasa, así que recomiendo que si pedís de postre tarta, lo acompañéis con algo más.

Al final la cuenta fue de unos 11 euros por cabeza. Bastante bien, la verdad, y sumándole una Coca Cola Zero. Porque para beber pedimos agua y os trajeron una jarra bien grande. La verdad es que este es un punto a su favor. Poder pedir agua y que te den la opción de elegir entre agua embotellada o del grifo, ¡es sinónimo de libertad! ¡Puedo decidir si quiero un refresco! Más que nada porque se que luego voy a poder pedir todo el agua que quiera…

En general fue una cena muy agradable, rápida y fluida. ¿Lo recomendaría? Quizás para una comida o un brunch informal. Lo veo más para ese tipo de ocasiones que para cenar. Creo que no se aprovecha igual yendo por la noche que por el día. Tendré que comprobar si la fama que tienen su pan y sus desayunos es cierta.

La próxima visita que haré será a algún restaurante o cafetería apta para celíacos. Tomad nota aquellos que seáis intolerantes al gluten, porque también tenéis cabida en este blog. Mi cumple está al caer y entre mis mejores amigas se encuentra una celíaca e intolerante a la lactosa, así que sé lo difícil que es encontrar un buen local para vosotros también. Espero que os haya servido y hayáis pasado un buen rato conmigo. ¡Nos vemos en Youtube!

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