5 desayunos que sacian y que no engordan

Supongo que no soy la única a la que le pasa esto, lo de tener mucho hambre, desayunar y que parezca que no he tomado nada… Llevo varios días dándole vueltas y al final he llegado a varias conclusiones. Para algunas personas (mi caso), desayunar se convierte en el mejor momento (cuando hablamos de alimentarse, claro) de todo el día. Sin ir más lejos, me levanto (entre semana, por supuesto) una hora y cuarto antes de lo normal, solo para poder sentarme tranquilamente y degustar cada bocado de mi primera comida del día. Pero, tengo un problema. No me sacio. Decidme que también os pasa lo mismo… (emoticono de disgusto).

Desayunos que llenan y no engordan

Por eso me puse manos a la obra y empecé a elaborar un menú mañanero con combinaciones que saciasen mi apetito y que no engordaran. No me quiero enrollar mucho en los prolegómenos, porque al final aquí lo importante es contar cuáles han sido los alimentos que más me han saciado, pero a la vez me ayudan a cuidar la salud y sí, también a no sentirme mal por sentirme llenísima.

Alimentos saciantes

1. Gachas o Porridge de avena

Lo primero que probé fueron las gachas o porridge de avena. Una pasta de origen anglosajón contundente que a todo el mundo le recuerda al arroz con leche. La verdad es que sí que lo parece, pero de sabor nada que ver. Yo lo preparé la noche anterior. Es lo que se recomienda en la mayoría de recetas, para que se hinchen. Pero también las he probado haciéndolas en el microondas al momento y no distan mucho del primer paso. Estuve revisando recetas para aclararme en su elaboración, porque creía que sólo eran copos de avena remojados, pero nada más lejos de la realidad.  He encontrado recetas completísimas con plátano machacado, agua, claras de huevo o yogur. Y resulta que la típica receta escocesa es simplemente con agua o leche hervida, aderezado con azúcar o sal.  La verdad es que al final todas esas opciones son igual de buenas, pero yo buscaba algo que me saciase y a la vez disfrutase con ello. Y no sé por qué, en este plato la mezcla con fruta no me llega a convencer. Prefiero tomarla a parte. Además, de esta forma parece que estoy tomando más cantidad de comida, al tenerlo distribuido en platos diferentes, me refiero.

El resultado de este desayuno es satisfactorio. Me gusta porque llena, pero sólo mientras lo estoy ingiriendo. A la hora u hora y media, ya empiezo a notar como mi estómago pide algo más. Puede que sea por el hecho de tomar tanto la leche como los copos juntos, que es lo lógico. Pero como no mojo nada…(sí, reconozco que tengo un problema con mojar los alimentos en el café).

2. Sándwich de aguacate y huevo

¡Cómo se nota que te haces mayor! Es una frase que no se me borra de la cabeza, desde el día que le dije a mi madre que había dejado atrás los cereales ultra super mega azucarados y me había pasado al despertar salado. Nunca pensé que llegaría este momento, pero efectivamente, por mucho que me apasione el dulce, desayunar salado también me gusta. ¡Y llena! Que es de lo que trata toda esta reflexión. He ido experimentando con el pan. Pero la primera vez que lo hice tosté dos rebanadas integrales de Mercadona. Mientras, fui cortando la mitad de un aguacate y una de esas mitades, de nuevo, la dividí en dos. Saqué el contenido en un mini bol y le eché un poquito de jugo de medio limón. Cuando las tostadas estuvieron listas, las partí por la mitad para que quedaran con forma triangular, como los sándwiches de Vips. El siguiente paso, (madre mía ni que estuviera haciendo un cocido, ¿verdad?) es cocer el huevo. Lo suyo es que lo tengas cocido de la noche anterior, pero a mí me gusta que esté medio calentito y, si puede ser, con la yema a medio hacer.  Así que, como sólo me levanto una hora y media antes para desayunar, no me da tiempo a poner a cocer el huevo, (realmente no me da tiempo, literal). Entonces utilizo un método bastante efectivo y rápido. Pongo el huevo crudo en otro mini bol y lo cubro de agua hasta que esté bien cubierto. Me lo llevo al microondas y, a potencia máxima, lo caliento un minuto. Si veo que no se ha hecho bien la yema, lo pongo unos segundillos más y ¡listo! Ahora lo cortamos en daditos reservamos.

Ya tengo los dos ingredientes preparados. Cogemos las tostadas y vamos untando en ellas el aguacate con limón del primer bol. Después colocamos encima daditos de huevo y espolvoreamos unas semillas de sésamo, así por darle un sabor especial y que cruja cuando mordamos. Montamos nuestros sándwichitos y ¡a comer! ¿Nivel de satisfacción? Bastante alto. Tengo la manía de cortar todo en pequeños trozos para que me de la sensación de estar comiendo más (tengo muchas manías, me parece a mí) y viendo este plato, me parecía que estaba comiendo mucho más, que solo un simple sándwich de dos rebanadas con medio aguacate y un huevo. Además, al acompañarlo de zumo de limón, un kiwi y el tanque de café con leche habitual, estuve bastante llena hasta casi las 11.30h de la mañana.

Debo poner en contexto que yo me levanto a las seis de la mañana y como consecuencia a las 9h más o menos me muero de hambre. Por eso, he querido compartir con todos aquellos “levantadores de calles” los desayunos que retrasan más ese momento hambruna mañanero que te exige un desayuno número dos a lo largo de la mañana. Y sí, quiero alargar esa sensación de saciedad, porque después hay que esperar a la hora de comer y no puedo estar toda la mañana comiendo. En otro capítulo hablaré sobre qué como a medio día, porque ese es otro tema que también me trae de cabeza. En definitiva, los sandwichitos de aguacate con huevo, tienen un aprobado alto, para mí, como desayuno completo y que llena de verdad. Ahora estoy experimentando con otros panes, como el pan de molde de Centeno y Avena de los Supermercados Día. Son mucho más grandes, así que en vez de coger dos rebanadas lo hago solo con una.

3. Wrap de pavo, queso cottage y nueces

Este desayuno se parece bastante al anterior. Bueno, a ver, no tiene nada que ver, pero me refiero a que en esencia no es de cuchara y para mí eso ya lo hace parecido al anterior. En esta ocasión, lo que priman son las cantidades. El pavo es uno de esos alimentos a los que podemos recurrir siempre que tengamos hambre entre horas. Así que si no lo sabías, que lo dudo mucho, apúntatelo en la lista de la compra para la próxima vez. Yo he probado con una fajita integral solo y aumentando los ingredientes que introducimos, por eso de disminuir los carbohidratos, pero supongo que también podemos tomar dos y reducir lo que metamos dentro. En mi caso, introduje unos 50g de pavo cortado en tiras y unas dos cucharadas de postre de queso cottage.  El queso lo suelo untar bien aplastadito en la fajita para que no quede ningún hueco sin quesito. Y, como fan de las semillas y los frutos secos, también añadí unas semillas de lino y dos nueces troceadas. De ahí, lo enrollas bien a modo de Wrap y, dependiendo de lo caliente que lo quieras y el tipo de textura que le quieras dar, a parte de la prisa que llevemos, of course… o lo metes en el microondas unos minutillos o a la sartén a fuego medio para que se dore por el exterior y cruja la fajita. Yo, modo rápido, lo hice al micro.

¡Está buenísimo! Y te deja ese feeling de estar lleno. No es muy pesado, pero sí sacia y logra mantener esa sensación a lo largo de la mañana. Y lo mejor, que obviamente, es el principal motivo por el que sacia tanto, tiene un alto porcentaje de proteínas, por lo que es sanísimo y no engorda nada.

4. Huevo y jamón serrano

Los huevos tienen un alto porcentaje de proteína, por lo que se consideran uno de los alimentos más saciantes. Así que, por eso recurrí a él para ser uno de mis candidatos en este experimento de desayunos. La clave está en no hacerlos fritos, obviamente, y por variar un poco, y no hacerlos igual que como he explicado en el sándwich de aguacate, probé a hacer el huevo en una sartén pequeñita anti adherente. Mojando la esquina de una servilleta de papel en aceite de oliva, restregué la sartén para que se impregnara un poco la base.  Un poco más laborioso, pero la verdad es que merece la pena. Dejamos que se vaya haciendo el huevo a fuego lento, hasta que la yema esté hecha. Con el jamón, bueno, yo tomo como medida unos 30 gramos. La verdad es que hay que probarlo en taquitos, seguro que queda mucho mejor encima del huevo.

Además ya hay paquetes hechos, así que menos trabajo. Y poco más, lo que se ve en la fotografía, (y que no había mencionado aún) sí son champiñones. Es que en el último momento cuando estaba dejando enfriar la sartén, me acordé de que me sobraron de la cena. Así que ni corta ni perezosa pensé: “pues les doy un golpe de calor (como diría mi madre) en la sartén, y los hecho por encima”. Además tienen un puñado de semillas de un bote que siempre ronda la cocina, que tiene de todo un poco (semillas de lino, pipas, sésamo, semillas de amapola, etc.). Lo acompañé de una tostada cortada a la mitad de pan integral de esbelta “homemade. Me he unido a la moda de hacer el pan en casa y como panarria empedernida número uno, no podría estar más contenta. La verdad es que este desayuno no tiene mucho misterio. Depende de las especias que le queramos echar y ya está, como siempre. Pero es completo, ¿he dicho ya que está buenísimo? Me encantó y cumplió fervientemente su propósito. No tuve hambre hasta bien entrada la mañana.

5. Bollito de avena

Este es el mejor descubrimiento que he hecho jamás y es muy simple de hacer. El bollito básico, consiste en claras de huevo, avena, edulcorante y levadura. Pero yo me he subido al barco de los pros amantes de los bollitos de avena y ya le meto todo lo que se me ocurre. El último que he probado llevaba 100ml de claras de huevo, 30g de harina de avena, 5 avellanas, unos chips de chocolate puro 0% azúcares, un chorrito de esencia de vainilla, un poco de edulcorante líquido y un poco de levadura. Lo batí todo bien con la batidora y, en un molde de silicona con los chips de chocolate por encima, lo metí en el microondas 5 minutos a potencia máxima.  ¡Me alucina la mezcla de las avellanas (que no se llegan a triturar del todo) con el sabor de la vainilla! No tengo mucho más que decir sobre este desayuno. Para mí, es el mejor de todos. Es que a parte de lo bueno que está, es perfecto para quitarte esa gulilla, que pudieras sentir en un momento dado por un bollo industrial. ¡Lo prometo!  A mí me apasiona y encima es sano, puedes tomarlo todos los días si quieres y tanto para desayunar como para merendar. ¿Y qué más podría decir de este bollito que se puede mojar perfectamente en el café? ¡Maravilloso!

Completo, riquísimo, lleno de proteínas… En el café se hinchan y los trozos se quedan gorditos como bizcochos rellenos de suave y calentito café. Definitivamente este es el mejor de todos y uno de los que más llena. Mi consejo es que cuanto más lento te lo tomes, más notaras como va pesando en el estómago y más tardarás en volver a tener hambre. A mí siempre se me acaba enfriando el café y me lo tengo que estar calentando, pero ¡me da igual! ¡lo adoro! Recomendadísimo. Se nota mi entusiasmo y cuál es mi favorito ¿no? ¡Pruébalo y me cuentas!

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